De La Mancha al Mundo

Cuenca, ciudad encantada

Madrugamos mucho por la mañana y antes de las 7 ya estábamos pedaleando. Atravesamos una zona preciosa, un paisaje que recuerda el de la Toscana. Bellos campos de cereal salpicados con encinas centenarias, chaparros, enormes. Comienzan a verse ya pinos, a medida que avanzamos el paisaje cambia mucho. Hemos pasado de las llanuras cubiertas de viñedos de Ciudad Real a ir subiendo poco a poco hacia la serranía de Cuenca.

En Fuentelespino debo pararme a saludar a mis paisanos Don Quixote y Sancho. Me cubro la cabeza Fuentelespinocon un casco «tuneado», el ala de un gorro de paja que me proporciona una sombra de calidad. Tradición y modernidad, no podía ser de otra manera.

Esta etapa es una ruta-reto, más de 100 kilómetros hasta Cuenca. Pero la compañía de Kathi se hace insustituible, un gran apoyo anímico y logístico, somos 2 cabezas y 4 piernas en ruta.

Llegamos a Cuenca a las 12 de la noche, hemos pedaleado de noche por carreteras solitarias.

Los 100 kms. de la etapa han pesado. Son demasiados kilómetros para andar al principio del viaje, con calor y en zona de montaña, subiendo y bajando. Las piernas se resienten.

Aún deberemos de coger fondo, pero vamos a tratar de regular mejor las etapas sobretodo cuando sean de montaña o con importantes desniveles.

A pesar de todo, la entrada en Cuenca con esa iluminación nocturna fue preciosa. Ciudad muy desconocida pero gracias a eso mantiene su esencia única. Ciudad encantada, mágica.

Hemos podido descansar y disfrutar de unas impresionantes vistas en su parte vieja. Mañana, hacia Albarracín.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *