De La Mancha al Mundo

La ciudad del cielo

Eso es lo que significa OuranoupoOuranoupoli en griego, el pueblito donde me encuentro. Durante siglos, los peregrinos y feligreses del Monte Athos han llegado a esta “ciudad del cielo” desde donde zarpa el Ferry que conecta el mundo terrenal con esta “isla” espiritual. Ouranópolis es la puerta de acceso a ese otro mundo, que efectivamente es una isla en muchos sentidos, aunque en el mapa sea una península.

El motivo que me trae a este lugar es el viaje en el tiempo que supone llegar a este territorio autónomo, que desde hace más de mil años, ha estado habitado ininterrumpidamente por monjes ortodoxos en su veintena de monasterios. Aunque esta península, gobernada por la  imponente montaña llena de nieve de más de dos mil metros de altura, aparece ya en la mitología griega, comienza a ser lugar sagrado en la época del emperador Justiniano.

Para acceder, necesito ir a la Oficina de Peregrinos a recoger el permiso, que unos amigos griegos me han tramitado, ya que el acceso está muy controlado, sobre todo para los extranjeros. Para las mujeres es imposible, su acceso está vetado. Las leyes de Grecia y la Unión Europea aquí no aplican dado que “Agion Oros” es una república monástica, autónoma. Un resquicio del imperio bizantino y de la edad media, un anacronismo del siglo XXI, que sobrevive dentro de la Aldea Global.

Me esperan unos días místicos, siguiendo el riguroso plan que marcan sus normas y su día a día. Dias por cierto ordenados bajo el calendario Juliano. Barbas largas, hombres de negro, olor a incienso, liturgias, cantos polifónicos en griego, dos comidas al día, silencio y misterio, monasterios milenarios colgados de los acantilados, mar como paisaje, y respeto a su modo de vida …veremos cómo se desarrolla.

De momento he de decir que la sensación de estar bajo el torreón medieval, de época del Imperio Bizantino es ya imponente. La noche, el invierno, las sombras que se proyectan sobre sus muros, y la fuerza con la que emerge de la playa, da escalofríos. Ahí mismo, a escasos metros de estas piedras eternas conciliaré el sueño durante unas horas, hasta que salga el ferry, al alba.

 

 

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