De La Mancha al Mundo

En territorio védico

 

Andaba esperando poder hacer la “entrada del año” en el blog, pero no. Disculpen los que leen (y gracias por su paciente espera) pero no se puede concentrar India de ninguna manera, al menos yo no lo se hacer. Creedme que no es fácil. Quería escribir algo coherente sobre el lugar, pero como digo es algo complejo, abrumador, extremo en casi todas sus facetas. No se puede comprimir India en un artículo. Tal vez en un libro, si se es fino.

Pude percibir sin duda alguna que sería un gran cambio, desde el aire. Como muchos sabréis, tuve que tomar un avión hace unos meses para saltar Paquistán, porque entre otros motivos, no pude conseguir ni ese visado, ni el chino, para continuar por vía terrestre el viaje. Recuerdo salir tempranito de Bishkek dirección Delhi. Desde la alturas, ya pude ver contraste de color y de paisaje brutal. Sobrevuelas una parte del mundo extraordinaria en términos geográficos en menos de dos horas.  Te -casi- teletransportas a otro mundo . Salir de la árida   (en su mayor parte) Asia central pasando por el blanco del Tien Shan, la austeridad y la dureza climática del Pamir,  del marrón y gris del Karakoram (en Pakistan) y las gélidas y rocosas cumbres de los rangos occidentales del Himalaya (Ladak, Zanskar). Aquel un avispero de montañas – algunas de las más elevadas del Planeta- que parecían no acabar. ¡Menudo espectáculo aquel! Formadas por la conjunción de dos grandes placas tectónicas, o eso me contaron en el colegio, pude mirar maravillado como todo aquello de repente acaba en una inmensa y frondosa llanura selvática que adivinaban la abundancia, el trópico, el agua, lo fértil… Se notaba dónde paraban las nubes, y hacia donde fluía el agua. En esa fertilidad habían nacido varias de las más antiguas civilizaciones de la Historia (vayas del Indo y Ganges).

Efectivamente, ni la mente más creativa puede imaginar, y menos yo, todo lo que había y sucedía ahí abajo. Todo lo que ese color verde escondía. Fue el vuelo más impresionante que recuerdo en mi vida. Tal vez porque hacía muchísimo que no subía a un avión. De hecho, tanto, que tuve algo de nervios, y definitivamente me impactó. Además, después de los monzones, el aire está limpio, el cielo claro, y se puede ver muchísimo desde la ventanilla.

Y digo que me resulta imposible relatar , porque aún no me he hecho con el lugar. Lo atravieso pero no comprendo muchos porqués. Creo que ni los propios indios (o solo unos pocos) son conscientes de lo que hay sobre el terreno, de todos las evidencias de un pasado increíblemente glorioso. De todo lo que aquí sucede. En las calles de la India. Yo lo llamo “Surrealismo mágico”.

Así que he preferido compartir algunas impresiones en forma de imagen, con pie de foto. Imágenes que tomé estos días pasados, cuando volví a India, bajando de las montañas al Tarai.

Las mañanas en algunas zonas del estado de Bihar son húmedas, con una niebla densa. El sol a veces no sale hasta las diez u once. En las zonas nortes de este estado las carreteras e infraestructuras son muy precarias. Con forme nos acercamos a la cuna del Budismo, 

Con una extensión similar a Castilla León (100 mil km2), el estado indio de Bihar – donde estoy ahora- tiene una población de 100 millones de personas. No solamente es uno de los más densamente poblados sino uno de los más pobres, en términos económicos. Las ciudades, por pequeñas que sean, resultan caóticas y ruidosas debido al tráfico. El coche propio es un lujo al que poca gente llega. Abundan las motos. La bicicleta es muy usada, pero se entiende como el medio de transporte de los más pobres, aquellos que no pueden conseguir algo mejor. Así que no tiene muy buena “reputación”. Por eso para ellos ver a un occidental usando ese medio de transporte es una contradicción. Yo les digo que soy de España y que estamos en crisis, que esta es la única manera de salir del país. 

El Hinduismo cree que el alma es inmortal, indestructible. Y es en el momento de la cremación cuando esta emprende el viaje a un nuevo ser, que va a nacer. Es un ciclo. El cuerpo, como en la dualidad platónica, es materia. En este caso se cree que está compuesto de cinco elementos: agua, fuego, aire, tierra y cielo. Y por ello se hace la cremación, para devolver -progresivamente- el cuerpo a esos elementos. En la imagen, la madera esperando la llegada de cuerpos, sobre el río Falgu, (sagrado para el Hinduísmo y el Budismo). Es la ciudad de Varanasi es aún más impactante. Esto es Gaya. 

Hace unos días, yendo pedaleando, un poco saturado de la India “terrenal” y su intensidad, de repente -como un enviado- un motorista se acercó a mí. Los indios no tienen complejo, y no sienten timidez para hablarte. “Evidentemente” solamente los hombres. Es una sociedad con tremendas fallas entre hombres y mujeres. Así que como siempre sucede, la primera pregunta fue que de dónde soy. El tipo iba bien vestido, dentro de lo humilde. Llevaba calzado. Muchos no llevan y otros van siempre en chanclas. No da para más, como la bici.  Durante un buen rato iba a mi ritmo, y mantuvimos una agradable conversación. Era profesor. Profesor de Sánscrito. Eso me impresionó. Su inglés era notable, y eso fue lo mejor de todo: que nos podíamos comunicar. Me contó, muy emocionado, que era la primera vez que hablaba con una persona de fuera de India. Un blanco. Un extranjero. Se notaba entusiasmado, como uno de sus alumnos en el primer día de escuela. Y yo también, porque es una suerte que alguien local te pueda explicar y ayudar a desenmarañar algo de la complejidad del Hinduísmo. Del profundo y milenario conocimiento que encierran esos textos, escritos en sánscrito, llamados Vedas. Me pidió si podía tomar una foto de mí y de mi montura, antes de tomar una variante que lo llevaba a su aldea. Ahí me contó que le encantaría que me quedara en su casa, pero que era muy humilde y que tendría que dormir sobre paja, en el suelo. Como todos en su familia, y en su aldea. En India esto no sucede muy habitualmente, lo de que te inviten a una casa. Es una cultura con sus virtudes, pero la hospitalidad no destaca,  como sí lo hace en otras culturas, como la persa. Así que me lié la manta a la cabeza, como siempre, y acepté. Fue increíble. Me enseñó la cantidad de cosas que la tierra les da, con los arrozales. La cantidad de usos que tiene una vez cortado. Los árboles tropicales, el pozo comunitario para el “clan familiar”. Diez familias vivían allí, y algunas aún en casa de barro y tejado de paja.  Un lugar de los que no aparecen en el GPS. Eso sí, no faltaba un templo al dios Shiva. En la imagen, el poema épico de Ramayana, uno de los libros que el profesor estuvo recitando en Sánscrito, y traduciendo. Este idioma, es para nosotros como el Latín o el griego antiguo. La fuente de lo que somos . Este señor me recordó mucho a Manuel José, un profesor amigo que sería su homólogo en España. Un transmisor que entusiasma, de aquel conocimiento clásico. Quería encontrarme con esa India, la que se escribió hace mucho tiempo. 

Me pasó algo parecido cuando llegué a Grecia por primera vez, allá por 2011. Y es que uno, crea una imagen de un país, basada en lo que uno lee, o ve, que muchas veces está distorsionada, estereotipada, idealizada. Yo esperaba encontrar más de la Grecia clásica, en el año 2011. No fue tan fácil. ¿Pero pero qué queda de aquello? La herencia existe, pero no siempre es tangible, o se deja ver fácilmente.  Igual pasa en India. ¿Qué queda de la India clásica, la de Los Vedas?. Esos cofres en verso que guardan el más antiguo conocimiento escrito de la Humanidad, que atesoran el saber más exquisito, escrito en las lenguas más completas (sánscrito significa algo así como “perfectamente hecho”).

Yo todavía trato de comprender este país, esta cultura, esta forma de vida, que pese a la era de la Globalización, tiene las raíces tan profundamente ancladas, que permanece como un oasis casi inalterado. Por eso me parece un lugar impresionante, pese a que todos los días hay un momento en el que me “sacan de mis casillas”, Yo lo llamo el amor- odio a India. Pese a todo, me parece un lugar fascinante, impresionante.

En esta parte de India hace 25 siglos nace el Budismo. Uno de los conceptos básicos con los que el Budismo trabaja es el “vacío”. La vacuidad. Sin embargo, y debido a la sobrepoblación, vacíos es como no se hallan los pueblos, ni ciudades. Hay que salir a las plantaciones de arroz. Si no tuviera a Penélope, no podría encontrar esas sensaciones.

 

Cuando amanecí en aquella humilde morada, entre la niebla y los cantos (unos rezos llamados puyas) matinales me dirigí a mi bicicleta que estaba en el patio, y ví que el abuelo la había cubierto con unas mantas. Qué gesto. Es como si fuera un ser, un animal que siente. Me dejó pensando. Me pasó otra vez, cómo olvidarlo. En Tajikistan. En este caso era un octogenario musulmán de barbas blancas, que regresando en bici a casa desde el trabajo ( era segador), se me ajustó a la misma velocidad, charlamos, y me condujo hasta su casa. En aquella ocasión, y en esta, había poco poquísimo dentro de las cuatro paredes. Poseían ambos una vaca, árboles que regalaban albaricoques allí y guayabas aquí. Una pequeña huerta que les daba para comer. Tremenda espiritualidad, diferentes religiones y muy diferentes culturas. Pero en ambos casos además de la manta sobre la montura, encontré personas nobles, ricas en valores, de enorme corazón y de ojos de los que brillan de generosidad, y de vida.
Cómo olvidar a estas personas.

Quiero dedicar este post a Maria Antonia. Una vanguardia de persona. Una mujer que viajó y mucho cuando muy pocas mujeres lo hacían. Rompiendo cánones y haciéndose su propio camino. Comprometida con su tiempo, y creando un bonito ejemplo de valentía.

Abrazos desde India a todos los que leen y se interesan,  que es una forma de apoyo.

 

Un Perlegrino por el mundo.

 

 

2 pensamientos sobre “En territorio védico

  1. Ariadna Miro Pi

    Me hace muy feliz leer tus nuevos post, aprender sobre las culturas con tus vivencias y lo más importante, saber que sigues disfrutando. Gracias Elias.
    Eres mi pequeño ídolo, ya me conoces, me interesa más tu y el de otros aventureros que todas las series que están de moda en Netflix.

    Viajar para soñar y no soñar con viajar.

  2. maria antonia martinez lopez

    Hola Elías, es un privilegio leerte y percibir las sensaciones de un país. Nunca me atrajo la India, pero me gusta lo que cuentas.

    Gracias por tu recuerdo. Cuidate mucho.

    Esperamos tu regreso

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