De La Mancha al Mundo

Los últimos nómadas: Mongolia

Si hiciéramos una personificación de Mongolia, como si fuera ésta un individuo me gustaría poder decir: «Mongolia, muchas gracias. Ha sido un placer»

En general tengo buenos recuerdos de todos los lugares que por donde he pasado. Porque trato de quedarme con lo mejor. Y en este caso Mongolia, no ha defraudado. Llegar hasta ahí arriba era una ilusión que rondaba la mente. También un reto, porque sabía que no sería «moco de pavo». Y estando en Vietnam hace unos meses decidí, porqué no, liarme la manta a la cabeza y pedalear lo máximo posible en China dirección Norte y cruzar la frontera como fuera, en medio del Gobi, al país que suena a leyenda, a guerreros, a nómadas, por lo tanto a mi Meca. He conocido el territorio del legendario Gengis Khan.

He de confesar que no ha sido fácil. Las facilidades allí no existen. El carril bici en esta parte del mundo lo desconocen, pero sí existe el carril caballo. Y es por esas sendas, es en esa intuición donde me he desenvuelto esta vez.

Algún día elaboraré una lista con las rutas más duras por donde he pasado. Definitivamente en la provincia de Khövsgöl, la provincia más septentrional del país y la más salvaje, allí se dieron etapas muy potentes, que estarán a la cabeza de dicha lista. Pedregales, ríos a cruzar sin puente, arenales, hielo, barro, lluvia, frío, viento. Eso es lo que tiene adentrarse en parques nacionales donde no vive nadie, y a la vez, donde hay mucha vida. Pero yo estaba en mi salsa, porque allí la batalla estaba servida. Y si algo te enseña la ruta es a luchar. Una lucha en solitario.

La recompensa estaba clara: la conexión con la Naturaleza y contigo mismo en estado superior. Y la satisfacción de haber atravesado aquellos terrenos ásperos por donde los coches no pueden entrar, por donde los turistas no llegan, donde los bosques, ríos y lagos y toda la vida que estos albergan permanecen inalterados.

Salí victorioso pero solamente acababa de llegar a Renchinlkhümbe (Рэнчинлхүмбэ) pero la idea no era darse la vuelta hacia el sur, sino continuar más hacia el norte, a la esquina de Mongolia, Tsagaannuur (lago blanco) donde podría encontrar a la última tribu nómada de renos del mundo.

La lluvia nos acompaño varios días. Pero íbamos envueltos en una coraza mental impermeable. Íbamos crecidos Penélope y yo.

Siguiendo indicaciones llegamos al final de un camino donde la ruta se convertía en senda, con ramas traicioneras, rocas, arroyos. Imposible de penetrar con la bici.

Así que tocó caminar. Caminamos medio día. No encontramos ni rastro de los Tsaatan (los que poseen renos). Estábamos a más de mil kilómetros de Ulaanbator. Habíamos tardado casi tres semanas en llegar a aquel remoto lugar.

Llevábamos comida para un par de días más. De repente encontré algo blanco en el suelo que parecía vibra blanca. Era pelo de reno. Iba por el buen camino.

El bosque de repente se abrió a a algo parecido a la Taiga. Y allí encontré a un hombre. Me asustó. Pero me hizo señales para que lo siguiera. Caminamos durante 10 minutos y de repente allí en el silencio del bosque, como en una película de duendes, aparecieron 20 o 30 renos en circulo, con sus recién nacidos. Y en medio la tienda, tipo tipi de los indios americanos.

Me permitieron quedarme con ellos durante un par de días.

Mágico.

 



Los

Un pensamiento sobre “Los últimos nómadas: Mongolia

  1. Ari

    Te asusto? Yo hubiese pagado un buen grito de alegría al encontrarlo. Me parecen unas etapas muy duras y a la vez emocionantes. Las yurtas me recuerdan a las de Kirguistán.

    Gracias por enseñarnos tanto con tus escritos. Me han encantado. Un abrazo crack.

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